Todas las empresas deben contar con un DPD – Delegado de Protección de Datos.

Esta figura, también conocida como DPO (en inglés, Data Protection Officer), constituye uno de los elementos claves del RGPD – Reglamento General de Protección de Datos (en inglés, GDPR – General Data Protection Regulation), y un garante del cumplimiento de la normativa de la protección de datos en las organizaciones, sin sustituir las funciones que desarrollan las Autoridades de Control.

El Delegado de Protección de Datos deberá contar con conocimientos especializados de derecho (aunque no se exige que sea Licenciado en Derecho) y de protección de datos, y actuará de forma independiente.

A el se le atribuyen una serie de funciones reguladas en el artículo 39 del RGPD, entre las que destacan informar y asesorar, así como supervisar el cumplimiento del RGPD por parte del responsable de tratamiento de datos personales o del encargado del tratamiento.

El DPO puede ser personal interno o externo, y puede ser persona física o persona jurídica especializada en esta materia.

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